Probablemente nunca te has planteado el problema, pero un bistec te cuesta mucho más de lo que piensas. No en términos económicos, obviamente, sino en términos de sostenibilidad. Los tanques flexibles pueden ayudarte. Veamos cómo.
Estás sentado en el restaurante y acaban de traerte el plato que habías pedido: una parrillada de carne humeante y aromática que solo espera ser degustada.
Por un plato así valía la pena gastar el dinero que te han pedido. Es realmente bueno. Y estás más que dispuesto a asumir el costo.
¿Pero estás realmente seguro? ¿Has pensado en lo que te cuesta ese trozo de carne en términos de sostenibilidad? Probablemente no y, mientras en la vida cotidiana tomas todas las precauciones para ahorrar lo más posible los recursos hídricos del planeta, olvidas que las granjas de animales son una de las mayores fuentes de consumo de agua.
Según las Naciones Unidas, la producción animal intensiva es probablemente la principal fuente de contaminación hídrica. Parece, de hecho, que para producir un kilo de carne pueden ser necesarios hasta 15000 l de agua.
Una parte de esta agua ciertamente está dedicada al funcionamiento de las máquinas y al proceso de matanza, pero otro porcentaje tiene que ver con la práctica de cría en sentido estricto: ante todo el abrevadero de los animales (un buey puede consumir hasta 80 l al día) y luego todo lo que tiene que ver con su limpieza y la de los ambientes que los albergan. Además, no hay que olvidar el agua utilizada para hacer crecer el forraje que alimentará a los animales.
En definitiva, la huella hídrica de la producción de carne animal representa, a nivel mundial, aproximadamente ¼ de la huella hídrica global.
Con esto no queremos abogar ni obstaculizar la dieta vegetariana, no es este el lugar para hacerlo, sino solo subrayar la urgencia del impacto que las prácticas de cría tienen en el consumo de agua, y tratar de entender si hay una manera de salvar la cabra (una cabra de cría no intensiva, consumen menos agua) y los repollos.
La respuesta existe y, una vez más, tiene que ver con una palabra – o mejor, una práctica – que se ha vuelto familiar en los últimos años: el reciclaje.
En este caso más que de reciclaje propiamente dicho hablamos de almacenamiento y reutilización. Y cuando se habla de almacenamiento y de líquidos no se puede dejar de pensar en los tanques flexibles.
Utilizar un tanque flexible para suplir o complementar las fuentes hídricas de abrevadero o para la limpieza de los establos, así como para regar los cultivos de forraje, podría resultar una ayuda importante no solo al medio ambiente sino también al bolsillo y al balance de aquellas empresas agrícolas que bien conocen los costos derivados del consumo de agua.
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